La semana pasada me ocurrió algo que jamás pensé que me ocurriría: me quedé en blanco en medio de una presentación.

Ocurrió en el Startup Weekend de Sevilla, edición de Gamificación y Videojuegos, un evento al que llevaba meses apuntada, ya que he participado en anteriores ediciones, y me fascina el buen rollo y las toneladas de cosas que te llevas de allí en sólo un fin de semana.

El caso es que subí al escenario, comencé a exponer la idea en la que llevábamos trabajando nuestro equipo toda la semana… y sin venir a cuento, mi mente se quedó en blanco. No pude seguir.

Así que en lugar de irme a una esquina, llorar, y maldecir mi existencia – estuve tentada a ello!-, he decidido aprender de esta experiencia, y por eso comparto con vosotros este artículo, en el que resumiré todo lo que he investigado en estos días sobre por qué tenemos miedo a hablar en público, y cómo podemos afrontarlo.

No importa la experiencia

El primero de los aprendizajes que saco de lo que me ha ocurrido es: no te confíes. No porque tengas experiencia de años hablando en público, significa que todo tenga que salir rodado. Lo que me ha pasado a mí, le puede ocurrir a cualquiera.

Yo siempre me he considerado una persona muy tímida y reservada, por lo que hace ya años que intento compensar ese rasgo intrínseco en mí, forzándome a situaciones que están fuera de mi zona de confort.

Ya en el colegio, participé en debates y en obras de teatro, en las que tuve que perder la vergüenza disfrazándome y haciendo un poco el tonto delante de familiares y amigos. En la universidad, una vez hice una presentación de un trabajo llevando un jersey rojo, y el profesor me dijo que mi cara se había vuelto del mismo color que el jersey. Más adelante, he hecho exposiciones en las que yo temblaba como un flan, pero de algún modo mi audiencia no fue consciente de ello, y he recibido siempre muchos halagos por mis presentaciones.

Por eso quizás me atormenta que en esta fase de mi vida, con bastante experiencia a mis espaldas hablando en público, me ocurra esto. Pero hablando con otros profesionales, he podido comprobar que no es nada raro: profesores de universidad que de repente hacen teatro y se les olvida su texto, cantantes que después de mil conciertos tienen que bajarse del escenario…

Parece ser que el miedo a hablar en público no se diluye, por muchos años de experiencia que tengas en ello. Entonces, ¿cómo lo afrontamos?

Practicando relajación

Otro de los consejos que se repiten entre los expertos en esto de hablar en público es la práctica de la relajación, o meditación, como prefiramos llamarlo.

Básicamente, consiste en encontrar un sitio tranquilo antes de hacer tu presentación, para sentarte, cerrar los ojos, e intentar pensar únicamente en tu respiración. Este ejercicio tan sencillo puede ayudarte a disminuir tu nivel de ansiedad, y así acudir al escenario con la mente en calma.

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También me gustan mucho las visualizaciones: siguen el mismo principio que la meditación, pero en lugar de dejar la mente en blanco, con la visualización te imaginas en una situación que deseas: en este caso, puedes verte tras la presentación, siendo felicitad@ por los asistentes, u obteniendo lo que deseas conseguir tras dar esa presentación.

Aunque en estos meses he comenzado a practicar la meditación, e intento hacerlo casi a diario, la verdad es que durante el fin de semana del Startup Weekend no tuve ocasión, y quizá eso me jugara una mala pasada.

Cuando intentas no sentir nervios… y lo empeoras

Esto también es algo que me ocurre, y seguro también le pasa a mucha gente: pasamos tanto tiempo intentando evitar sentirnos nerviosos por hablar en público, que al final aumentamos nuestro nivel de ansiedad de tanto pensar en cómo evitarlo.

Cualquier persona que hable en público a diario te dirá que es normal sentirse nervioso antes de ponerte a hablar en público. La clave no es encontrar la técnica para evitarlo; la clave es saber que te vas a poner nervioso, pero eso no te va a frenar en tu empeño.

No están aquí por tí, sino por tu idea

Uno de los pensamientos que te viene a la cabeza antes de salir a hablar en público es algo así como “Madre mía, se van a dar cuenta de que me tiemblan las manos” o “¿Y si me tiembla la voz mientras voy hablando? ¡Qué vergüenza! “.

Lo que no nos damos cuenta es que en la gran mayoría de las ocasiones, esos pequeños síntomas de nerviosismo que nos ocurren en el escenario pasan desapercibidos para nuestra audiencia. Puede que los detecten, pero ni siquiera les prestan importancia. Han venido a escuchar lo que quieres contarles, no a juzgar tu nivel de nerviosismo hablando en público.

En mi caso, a pesar de la patética escenita que monté en el escenario, uno de los miembros de mi equipo salió a explicar la idea, y acabamos ganando el Segundo Premio del Startup Weekend. Lo que demuestra que si la idea es buena y el trabajo está bien hecho, los fallos en una presentación no tienen por qué pasar factura.

Menos ensayo, y más pasión

El último consejo que dan los expertos en hablar en público, y que yo debo de centrarme en practicar, es transmitir pasión por lo que estás contando. Cuando sabes lo que quieres contar, confías plenamente en ello, y lo dejas claro en el escenario, te ganas la atención y el favor de tu público.

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Yo suelo hacer lo contrario: aprenderme el contenido de la presentación, para repetirlo delante del escenario como un lorito, y salir de allí cuanto antes. En parte porque sé que hablar en público es algo que no me gusta hacer, y quiero que pase cuanto antes.

Ese no es el enfoque. Nunca conseguirás persuadir a alguien de que invierta en tu negocio, o te contrate, si no echas toda la carne en el asador cada vez que sales al público a hablar. Ensayar es bueno, pero no te conviertas en un autómata: establece contacto visual con los asistentes, e incluso hazles preguntas y entabla conversación con ellos. Una vez seas capaz de hacer esto con naturalidad, serás un pro de las presentaciones.


Este es un artículo algo más personal que los anteriores en mi blog, pero pienso que es importante compartir mi experiencia con vosotros, y espero que estos consejos os sirvan para cuando vosotros tengáis que enfrentaros a hablar en público de nuevo.

Y por supuesto, no soy ninguna experta en este tema, por lo que me encantaría que comentárais qué experiencias habéis tenido vosotros hablando en público, y cómo os han afectado. Abajo tienes para poner tu comentario, te espero allí 🙂

Categorías: Marca Personal

1 comentario

Isidre · 25/10/2016 a las 3:18 pm

Gracias por los consejos!
Hablar en público no es sencillo, pero en mi caso por ejemplo debo reconocer wue cada vez lo llevo mejor! El primer dia sudé como un pollito y tenia la boca seca durantr toda la presentación, pero esos síntomas han ido disminuyendo con la practica! Ánimos a todos los oradores!!!

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